Poemas 30 31 y 32

Los siguientes poemas fueron escritos en estado de ebriedad. Lo cuál se supone que debería hacerlos “especiales”. A decir verdad, el poema 32, basado en lo que “encontré” al mirarme en el espejo, es posiblemente lo mejor que he escrito nunca.

30
Aunque con heridas en mi piel de luz,
algo en mí sigue subiendo, algo en mi sigue, dormido, allá, allá,
en el infinito.

Infinito, otro corazón en mí sigue
latiendo perfecto, intacto, inmaculado.

Allá, donde otros pájaros perfectos
vuelan de otros árboles,
en medio de la oscuridad , pero
sin heridas,
sin trabajos,
sin pausas, con su música perfecta.

Ellos fluyen con tal libertad, y con
tal AMOR que la caricia de sus alas,
a infinita distancia, cae suave en mis
mejillas,

Pero mis heridas me llaman también,
y la luz de mi piel, no brilla como
la otra, como el otro corazón,
y yo tengo que encontrarme con el
cuadro negro:
Estoy aquí, estoy aquí, estoy aquí.

Y avanzo con paso lento, el viento de
aquí lastima mis mejillas, el viento frío, el
viento húmedo, el cuadro negro.

Pero yo sé,
que al otro lado del infinito,
de uno de los miles de árboles, los
únicos realmente míos, en mi universo,
el que se hizo para mí,
el canto de un pájaro, en medio
de la oscuridad,
en su lenguaje de agua,
en medio de la sinfonía gloriosa
de la soledad, entro doce millones de
pájaros,
dice: VEN.

31
Aromas,
aromas de cristal que me enceguecen mientras
floto entre universos expandidos.
Aromas blancos, transparentes, que vuelan
y son yo, ¡YO!
El amarillo…sí, entre la negrura de los
universos salpicados de estrellas que atravieso
como ave blanca y libre, quisquillece el
ácido amarillo de otros mundos, lejanos más
allá de cualquier universo blanco, de cristal
y negro como la noche pastoril.
El pastor que mira las estrellas es el mejor
de los guardianes, el piensa sólo lo suficiente:
que son hermosas, e infinitas como la paz de
Dios.
Y en ese momento de su mente simple, él
es perfecto…
Ah, perfección sutil, paloma blanca que atraviesas
como rayo de algodón el rincón de
sueños que es el rabillo de mi ojo.

32
¡Mírame!
El espejo refleja el yo de otros mundos
más verdes y más azules que tus caderas
blancas.
Los sonidos marciales del alba galáctica que
rodea al sol cristalino y perfecto del centro de
la vida son sudados por el espejo que miro y me
mira, llenándome del pavor más excitante
que se puede sentir: mi cuerpo se vuelve nido de
arañas, mi cuerpo es piedra negra que se
disuelve sin posible remedio: ya soy cosmos,
ya soy luz.
Así el espejo me mira, así el espejo me traga
y me disuelve y me hace cosmos, me hace luz…
¡Oh haz de mundos que atraviesas el sol
cristalino que es la existencia, lléname de tu
pavor exquisito,que no tengo miedo de renacer,
de reencarnar en vaca galáctica que es es esfera
de cristal al centro de un cielo de galaxias blancas!

-El primero de estos poemas fue escrito en enero de 2015, el resto en abril. Creo que puede verse un avance de un grupo a otro sobre todo en términos de fluidez y (algo muy emocionante para mí), en términos de imágenes,de no sólo explicar o las cosas, si no de presentarle un mundo visual al lector.

-Sin embargo surge en estos tres poemas, al fin, un tesoro que esperaba con ansias: el lirismo. Al final de cada uno puede verse como crece repentinamente la tensión pasando de describir una situación a describir sentimientos y anhelos.

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Poema 29

1. Tráeme la botella verde del vino
de la melancolía,
Y demos un paseo por el campo mexicano
en plena noche.
Dame tus manos ámbar claro de luz gaseosa,
Bésame y abrázame entre los árboles del rancho.

2. Llévame volando a tu invernadero de
flores mágicas,
Juntos planeemos esto, hagamos de este destino
nuestro universo,
Luz ámbar claro, en el bar oscuro y sólo;
En las repisas de madera hay una botella verde.

-Un toque de mexicanidad.

Esta vidita….

Tengo veintitrés años, y en poco más de un mes tendré veinticuatro. A pesar de mi gran inteligencia, nunca he logrado mucho, debido a lo que yo llamo idiotez psicológica (sus principales síntomas: incapacidad para disfrutar lo disfrutable, principalmente; y una tendencia a la indolencia causada por miedos y fobias causados por nada). Pero lo cierto es que he ido derrotando esa idiotez a pulso aprendiendo lección por lección. Y creo que ya he aprendido las suficientes para decir que ya soy casi casi alguien. Es decir, ya estoy preparado para comenzar a utilizar mis dones, a HACER.
Bien. Una de las lecciones más importantes que he tenido que aprender, uno de los conceptos con que más fuertemente he tenido que luchar ha sido el de la ESPONTANEIDAD (¿Quieren saber porqué nunca escribo?, sigan eyendo). Con gran dolor he tenido que aprenderlo, la perfección no existe, y TÚ NO LA PUEDES HACER. Cuánto me ha costado aprender esto: que las cosas buenas de la vida no se planean (estoy hablando de arte principalmente), solo se va hacia ellas, se cae sin pensar, así lo hace todo el mundo.
Muy bien, es una lección, pero eso no basta con que sea verdad, oh no, no es tan sencillo. Estoy convencido de que el resto de las personas, cuando, quieren escuchar música nueva, por ejemplo, o ver una película, su mente no les pone en bandeja de plata tantas y tantas alternativas, tantas ideas, y tantas observaciones, que a su vez los lleva a hacerse esa endemoniadísima pregunta: ¿LO ESTOY HACIENDO BIEN? No. Eso no ocurre, sólo ven un camino.
No sé si esto me ocurrirá a mí por ser más inteligente o no, pero si es así, supongo que es digno de notar como una inteligencia superior nos puede volver tan, pero tan idiotas.

Poemas 26, 27 y 28.

Sin saber si se volverá una tradición, lo cierto es que por segunda ocasión me he embriagado en Año Nuevo (no acostumbro hacerlo nunca), y una vez más he escrito poemas. No diré mucho al respecto, excepto que si creen que el número 28 (lo más caótico que he escrito nunca, y tal vez la peor basura también), es un poco repetitivo, por favor ¡RECUERDEN QUE ESTABA EBRIO!

Pero, por favor traten de interpretarlos, lo que sé bien es que tienen sentido, aquí no hay palabras al azar, no sé si habrá CALIDAD, pero sé que hay sinceridad e intención.

Disfruten la desnudez de mi alma, aunque sea a través de un vidrio empañado por la falta de grandeza. Gracias.

26
Besa mis labios soledad.
O apártame de tu lado.

Allá a lo lejos, está la voz, la
Canción bohemia, el mundo, el hombre.

Yo y la Luna, nos besamos, o eso quiero.

Bésame, Luna, envuélveme con tus nubes negras.

27
No sé.
El girasol, la luz, el verde, el vidrio, transparente, PURO.

La vida es sucia, yo la quiero limpia.
Imagínate la limpieza. Ante ti. Pura, ella.
Que te ahogue, que la absorbas.
Que seas ella.

28
Casa, perro, lluvia furiosa, lluvia muerta, ROJO, FUEGO, casa, perro, no sé dónde, no sé qué, escondo, tierra, marrón, lodo, LLORO, LLORO, tierra, tierra, mugre, lama, agua sucia, casa vieja, lama, mugre, perro, mugre, dónde estoy.

Fuerza, pesa, ni, humo, me sofoco, caigo, rompo, peldaño, no, caigo, qué, calor, sufrir, fuerza, hacia abajo, por qué, cuándo, NO, LLANTO, crudo, calabaza, huerta, muerte, no mucha, quiero, digo, confundo, canto, pero no, horizonte rojo, SO, quema, carta, lluvia, ácido amarillo, NO, NO.

Qué, cómo, comedia, mugre, mierda, hedor, hierba, veneno, calambre, cosa, pasto, fruto, nada, huelo, corro, NO, NO. Por qué, para qué, eso es la vida, eso es mi vida, nada, algo mucho, demasiado, nada, qué, caso, casa, perro, lama, a oscuras, con luz, espejo, a solas, cantando, gimiendo, callando, llorando. Uña, día, noche del día, sol huyente, canto de pájaro, canto sucio, que no viene a más, mugre, cerdo, lodo, azúcar, no, ruptura, rasgado, dolor, físico, resfriado, riesgo, camino, no más, roja, tela rasgada, sucia, camino, o corro, es vida, es vida, es esta vida, la amo, pues es la vida, y a ella me entrego, amorosa, totalmente, me entrego, soy tuyo, y más, VIDA, MUGRE, VIDA.
Y ATRÁS, ATRÁS, ATRÁS, ATRÁS, ATRÁS, ATRÁS, ATRÁS, ATRÁS, ATRÁS,

El blanco, blanco, blanco, blanco, blanco, blanco, blanco, blanco, puro, blanco, blanco, amor de mi vida,

BLANCO.

ATRÁS de las estrellas, el blanco, más, más blanco. AMOR, EL AMOR. El blanco.

AMOR. ATRÁS.

DE LAS ESTRELLAS,

El blanco
Blanco.

La máldita estética (2)

Bajo este título, les comparto el texto integral de mi “Vómito Verbal 4”:

Hoy, intentaré improvisar un cuento:

“Sentados, desayunando, Amós le dijo a Javier: “Deberías conseguir otro trabajo, aportar más dinero, yo pago casi todo últimamente”. Javier sólo lo ignoró.

Tocaron la puerta, era la novia de Amós. Javier sólo los vio saludándose y besuqueándose un poco, tratándose como novios.

Se levantó, acababa de acabar su desayuno, se sentó frente a la televisión, la encendió, y se quedó así mucho tiempo,  hasta que tuvo que irse a trabajar.

Mientras, Amós le decía a Carolina, su novia, que la película que habían quedado de ver, no era en realidad tan buena elección. Quedaron de ver otra, o de hacer otra cosa. Siguieron platicando otro rato, hasta que Javier oyó el grito de Amós: “¡Javier, ahorita vuelvo!”

Se fueron a caminar. Iban platicando de minucias, de lo suyo, de lo de otros, del frío que hacía, del pueblo. Y acabaron en el puente. Mirando todo, callados. Un mes después pasó exactamente lo mismo.”

Listo, eso es todo, no pidan más porque aún siento algo de presión y odio la presión, quédense con ese intrascendente intento.

En cambio, si me gustaría hablar de lo que pensé para escribirlo. Bueno, yo, como esteta, he desarrollado una obsesión por un concepto: la pretenciosidad. Es triste, por supuesto la considero un defecto. O por lo menos a mí me resulta muy desagradable sentir que alguien, en su obra, se está haciendo “el interesante”. Y eso es lo que tienen muchas obras, pero nunca una obra maestra, jamás. Todo esto me hace pensar en lo peligroso que es el concepto de recurso.

En arte, un recurso es un elemento que pretende conseguir un efecto, como la música en el cine, los efectos de sonido en la música popular. Muy bien, entonces, no puede haber arte sin recursos, así es, pero existen recursos especialmente peligrosos, que son los que yo llamo “recursos de lo interesante”. Son aquellos que pretenden “sorprendernos” o hacernos sentir atraídos hacia la obra.

Si ustedes leen cuentos míos anteriores, notarán lo pretensiosa manera en que manejo los recursos, recuerdo uno de una página que hablaba de una chica de catorce años que yacía sobre el pasto viendo las nubes, las últimas palabras llegan de golpe: “pero el lobo ya estaba demasiado cerca”. ¡Eso es un “recurso interesante”! Pretendo sorprender al lector, como sí de verdad se fuera a impactar con la noticia de la inminente muerte de la pobre chica, y mi lenguaje le fuera a parecer cruelmente sarcástico. Pero no puede funcionar así, porque yo primero hubiera tenido que lograr que se identificara profundamente con el personaje, y sobre todo, hubiera tenido que establecer muy firmemente mi propia personalidad como narrador, sometiéndolo, tan cruelmente como quisiera, a mis caprichos. Pues estos estarían justificados, vendrían de una personalidad y tendrían una razón de ser, en lugar de ser un patéticamente notorio  intento de, lo diré una vez más, hacerme el interesante. Pero ¿logré alguna de las dos cosas? Por supuesto que no.

Habiendo pensado todo esto (y bastante más, de hecho) llegué al concepto de pureza. Y había pensado que si volviera a la ficción, evitaría estos recursos  interesantes, que por cierto también incluyen la retórica barata, como “No,  no lo sabía, el recorría las calles sabiéndolo: era otro cochino día en una vida llena cochinos días”, etc., en lugar de “el caminaba, bastante deprimido”, o un punto más intermedio, pero esto hablaré después.

Por supuesto eso no quiere decir necesariamente que nos vayamos, como lo hice yo, al extremo de lo minimalista. Por desgracia la única pauta existente en el arte es la calidad. Puedes ser tan naturalista, minimalista, pretensioso, poético o épico como quieras, pero siempre que lo hagas bien, que tu obra tenga calidad.

Pero mi opinión es que cada recurso que utilices en tu obra debe provenir de una fuerza natural, de la obra misma, es decir, debe ser ESCENCIAL a la intención, no un efecto improvisado para causar sorpresa o interés.

Cielos, quisiera seguir escribiendo, pero ya me pasé de la cuartilla.

Otro cuentillo

Hace tiempo, mucho tiempo escribí esto, recuerdo haberlo desechado, pero luego no me pareció tan malo, suele pasar ¿no?

“Pero era interesante ver, en el fondo de toda aquella dulce y fresca felicidad de juventud, un vaho dramático, omnipresente, y cada vez, un poco menos sutil.
Aquellos amigos y amigas nocturnos, toda su carga personal, sus brillantes personalidades, ¡cuánto brillo había en todo aquello, que noches tan esplendorosamente iluminadas!
Una cosa era segura, él era nuevo y, por lo pronto, ajeno. Un pequeño hilo de él aún lo conectaba con el templo sagrado de la total enajenación.
¿Qué era Alberto? Al fin de todas las cuentas, Alberto seguía siendo un barco a la deriva.
Él seguía la luz, y la seguía con reluciente y amplia constancia. La luz seguía viéndose allá lejos. Pero al fin de todas las cuentas Alberto seguía siendo un barco a la deriva”
07/10/11

Ustedes disculparán la retórica barata, pero lo escribí hace mucho, (¡ha-ha!, como si hoy escribiera muy bien).
Por cierto, “Alberto” es muy buen amigo mío y no, no ha dejado de ser ni nuevo, ni ajeno.

¿Cómo saber si eres existencialista?

Es muy sencillo: la duda. Ante ella, cualquier otra clase de persona, se siente, incomoda, asustada, atormentada, perdida, desesperada etc., etc., siente todo menos placer.

En cambio, para un existencialista, sencillamente no existe mayor placer que el de no saber. Porque no tiene miedo de flotar con la corriente. Le encanta sentirse perdido, como un pez en medio del océano inmenso, pero es sobre eso sobre lo que construye su propia realidad fantasma, su castillo de nubes, pues para él, lo irreal, es lo único real.

Sabe que está, como dijo, Sartre, “condenado a ser libre”, y esa condenación es su mayor placer.